17 AGOSTO ACTO EN CONMEMORACION AL FALLECIMIENTO DEL GENERAL SAN MARTIN!!














El próximo 17 de Agosto a las 14:30 horas la Asociación Cultural Sanmartiniana y la Municipalidad de San Nicolás, invitan a la ciudadanía nicoleña a festejar un nuevo aniversario del fallecimiento del General Don José Francisco de San Martín. El acto se llevará a cabo en el Parque San Martín. Estan todos invitados!.


"JUAN JOSE OLLEROS"














Juan José Olleros (San Nicolás de los Arroyos, 19 de octubre de 1794 - Buenos Aires, 18 de agosto de 1857) fue un militar y político argentino que combatió, en la guerra de la independencia, junto a los generales José de San Martín y Juan Gregorio de Las Heras, y batallas civiles de su país.
Inició su carrera de derecho en Buenos Aires, pero finalmente optó por enrolarse en el Ejército del Norte como subteniente. En 1815 realizó la campaña altoperuana de José Rondeau, tomó parte de la ocupación de Potosí y de Sipe-Sipe, lo que le valió un ascenso y condecoración.
En 1817 ya era teniente 1º y pasó a formar parte del Ejército de los Andes, participando en la batalla de Chacabuco y en la campaña del sur de Chile, al mando del general Las Heras, particpó en las acciones de la batalla del Cerro Gavilán, Concepción y en la toma de Talcahuano. También en Cancha Rayada y en Maipú. Por su accionar en esas campañas recibió varias condecoraciones.
Regresó a Buenos Aires en 1819 y a los dos años volvió a las filas con el grado de capitán.
En 1831 formó parte de las fuerzas de Balcarce que actuaban contra el General Paz. Revistó como teniente coronel en el batallón "Defensores de Buenos Aires".
Debido a que estaba comprometido con la Revolución del Sur debió emigrar en 1839. Se incorporó entonces al ejército unitario, participando en las batallas de Don Cristóbal y Sauce Grande.
Acompañó entonces al general Paz en la organización de un ejército de Reserva, y con este tomó parte de la batalla de Caaguazú y en la campaña de Entre Ríos en 1842.
Se estableció luego en la ciudad de Montevideo, y la defendió cuando fue atacada por Manuel Oribe, para pasarse luego a las fuerzas sitiadoras en 1844.
En 1846 se estableció en su ciudad natal.
Luego de la batalla de Caseros formó parte del levantamiento de la población, liberando a los presos políticos. Murió pobre el 18 de agosto de 1857.-
Estaba casado con la chilena Concepción Fuentes. Su hijo Juan José de mismo nombre, siguió sus mismos pasos militares, perdiendo la vida en la guerra contra el Paraguay, el 25 de Agosto de 1865.
Dos Héroes Nicoleños que dejaron su marca en aquellos históricos hechos de nuestro querido país.

"RECONOCIMIENTO A LA LABOR DE LA A.C.S DE SAN NICOLAS"







Buenos Aires, 29 de abril de 2011.


Sr. Presidente de la
A.C.S. de San Nicolás.
Escribano Aníbal H. Espinosa Viale.


Me dirijo a usted con referencia a la Memoria de la Asociación Cultural Sanmartiniana de su digna presidencia del período 2009 al primer trimestre de 2011.
Es siempre gratificante para el Instituto Nacional Sanmartiniano recibir lo realizado por las Asociaciones a favor de la difusión de la vida y obra del Libertador y conmemorando hitos y aniversarios con sentidos homenajes.
Todos sabemos cuantos obstáculos deben sortearse para conseguir la publicación en los medios. Por eso, permítame felicitarlo a usted y a su equipo por todo lo logrado, muestra una incesante y minuciosa tarea sanmartiniana por difundir a través de la prensa tanto los distintos valores morales y éticos, y su campaña emancipadora, como sus preferencias tanto por la lectura y la música, aspectos menos conocidos del Padre de la Patria.
La participación en encuentros sociales e imponerse como meta que todos los establecimientos educativos y dependencias oficiales estén precedidas por la imagen del General D. José de San Martín, es una labor de Extensión Sanmartiniana, digna también de elogio.
Como siempre, reciba, y en su persona a todo su equipo, en nombre propio y del Instituto Nacional Sanmartiniano el aliento y apoyo para seguir como hasta ahora en la loable tarea sanmartiniana.

Cordialmente.

Gr. Br. VGM Diego Alejandro Soria.
Presidente del Instituto Nacional Sanmartiniano

CHARLA SOBRE "SAN MARTIN COMO SER HUMANO" EN LA CASA DEL ACUERDO DE SAN NICOLAS.














En el marco de los festejos por el 159 aniversario de la Declaración del Acuerdo de San Nicolás, el vocal de la Asociación, Santiago Gastón Fontana en representación del Presidente, Aníbal Espinosa Viale expondrá una Charla de autoría de este último sobre “San Martín como Ser Humano”. La misma se llevará a cabo en la sala auditorio de la Casa de Acuerdo de San Nicolás el día 27 de mayo a las 18:30 hs. Están todos invitados.-

25 DE MAYO DE 1810. CONSTITUCION DEL PRIMER GOBIERNO PATRIO









El 25 de mayo, reunido en la Plaza de la Victoria, actual Plaza de Mayo, el pueblo de Buenos Aires finalmente impuso su voluntad al Cabildo creando la Junta Provisoria Gubernativa del Río de la Plata integrada por: Cornelio Saavedra, presidente; Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu, Juan Larrea, vocales; y Juan José Paso y Mariano Moreno, secretarios. Quedó así formado el primer gobierno patrio, que no tardó en desconocer la autoridad del virrey español Baltasar Hidalgo de Cisneros.
El 25 de Mayo de 1810 es un hito importante del proceso revolucionario que vivió nuestra patria durante el siglo XIX. Ese proceso se inició en la Reconquista de agosto de 1806 y la Defensa de 1807, cuando el pueblo se alzó en armas ante la invasión colonial británica y la huida de sus autoridades políticas y militares. En el lapso que se extiende entre 1806-1807 a 1810 se gestaron las fuerzas armadas de la Revolución que se expresaron en el primer gobierno patrio del 25 de mayo de 1810.
Mayo de 1810 fue parte de los levantamientos brutalmente reprimidos que, en Chuquisaca el 25 de mayo de 1809 y en La Paz el 16 de julio del mismo año, encendieron los fuegos de la revolución. Mayo se proyectó al continente: en la génesis de los ideales que cristalizaron en el primer gobierno patrio, estaban sentadas las bases de la Patria Grande que alentaron San Martín y Bolívar como proyecto de unidad y grandeza de nuestras naciones. El grito de Mayo corporizó en la Declaración de la Independencia el 9 de julio de 1816, su ideal libertario, al pronunciarse por la independencia “de toda dominación extranjera”. En lo que respecta a la independencia del dominio español, tuvo su corolario en los campos de Ayacucho, cuando los patriotas al mando del Gral. Sucre derrotaron definitivamente a las tropas del reino de España.Rescatar las enseñanzas de mayo de 1810 es un hecho de gran importancia para el futuro de nuestra nación y nuestro pueblo. Mayo es, precisamente, una muestra de las posibilidades de unidad de esa confluencia: ese camino es el que necesitamos rescatar. Convocamos a todos los patriotas a lo largo y ancho de todo el país a festejar en familia la conmemoración del Bicentenario del 25 de Mayo de 1810, rescatando el ejemplo y el lema de los patriotas de Mayo: una patria libre de todo dominio extranjero, sin amo viejo ni amo nuevo, ¡no queremos tener amos! Ejemplo que siguieron los valerosos combatientes de la Vuelta de Obligado, Tonelero y Punta Quebracho, como defensa irrestricta de la soberanía sobre los cursos de agua más caudalosos de la Argentina y en los que enfrentaron al colonialismo inglés en defensa de nuestra soberanía en 1982. Nos parece importante reafirmar las palabras del gran patriota Raúl Scalabrini Ortiz: “Reconquistar el dominio político y económico de nuestra propia tierra es nuestro deber para con nosotros mismos, para nuestros hijos y para los hijos de nuestros hijos. No es una acción fácil pero tampoco es una acción inabordable. Los revolucionarios de 1810, de donde provenimos, nos dieron el ejemplo de que nada resiste la voluntad del hombre puesta al servicio de una gran causa”. Lo haremos con las consignas de: Reconquistar el patrimonio nacional, establecer la soberanía popular, garantizar la independencia argentina y transmitir a las jóvenes generaciones el espíritu patriótico que nos dio libertad en 1810 y que hizo grande a la Argentina hace dos siglos.
¡Viva la patria!

MAGNIFICO DISCURSO SOBRE EL GENERAL SAN MARTIN


Un general, si es a la vez un conductor, no solo ha de mandar su ejército. Es menester que personalmente lo forme, que lo dote, lo organice, lo alimente y lo instruya. A menudo con el conductor muere también su ejército. Sobreviven de ellos su gloria, su tradición y su ejemplo.
He dicho que ello solo sucede cuando coincide en un hombre el general con el conductor. Asunto que rara vez ha sucedido en la historia.
El general se hace; el conductor nace.
El general es un técnico; el conductor es un artista.
San Martín, con Napoleón, son los dos únicos hombres que en el siglo XIX llenan tales características del arte guerrero; por eso son ellos también las más altas cumbres del genio de la historia militar de ese siglo.
Generalmente, un conductor es un maestro. Su escuela llena también su siglo. Su ejemplo adoctrina las sucesivas generaciones de un ejército o de un pueblo. La orientación sanmartiniana en nuestro ejército y en nuestro pueblo ha sido la más decisiva influencia de perfección y de grandeza.
La producción extraordinaria de su genio no fue más fecunda y arrolladora que la fuerza invencible de sus virtudes: por eso era un conductor.
Si era un estratega, era primero un hombre. Por eso puso al servicio de su causa la técnica de su profesión. Fue desde entonces el hombre y el conductor de una causa. Por eso era invencible.
Como no se concibe un hombre sin alma, nunca he concebido un conductor sin causa. La grandeza de San Martín fue precisamente la de haber sido el hombre de una causa: la independencia de la Patria. Él confiesa haber vivido sólo para esa causa.
La verdadera grandeza de los conductores estriba precisamente en que no viven para ellos, sino para los demás. Pareciera que la naturaleza, en su infinita sabiduría, al dotar a los hombres, carga extraordinariamente en la dosificación del egoísmo, pero evita cuidadosamente este ingrediente contamina las almas de los grandes hombres. Por eso son grandes.
A menudo la historia no acierta a discernir la infinita variedad de matices que la creación de los grandes hombres ofrece a la contemplación del futuro.
El arte militar, como los demás, presupone creación, que es la suprema condición del arte. San Martín es un artista; por eso no pudo conformarse con andar por entre las cosas ya creadas por los otros. Se puso febrilmente a crear, y con esa creación revolucionó las ideas y los hechos, ante la incredulidad de los mediocres, ante el escepticismo de los incapaces, y bajo la crítica, la intriga y la calumnia de los malintencionados. Sobre todos ellos triunfó, porque la victoria es de Dios.
Nada hay más adverso al genio que el mediocre; sobre todo, el mediocre evolucionado e ilustrado. No podrá concebir jamás que otro realice lo que no es capaz de realizar; porque cada uno concibe dentro de su capacidad de realización, y los mediocres vuelan bajo y en bandada, como los gorriones, en tanto que los cóndores van solos.
Conducir es arte simple y todo de ejecución; por eso es difícil. Es la aplicación armónicamente combinada de los principios del arte con los factores materiales y morales de las fuerzas, con el terreno y las circunstancias. A menudo, cuando solo se dispone de generales, las fuerzas son todo. Cuando se dispone de un conductor, decía Napoleón, el hombre lo es todo, los hombres no son nada.
El arte de la conducción tiene, como todas las artes, su técnica, representada por los propios principios que rigen la conducción y las reglas para el empleo mecánico de las fuerzas. Pero, por sobre todo ello, está el conductor. Lo primero representa la parte inerte del arte, el conductor es su parte vital.
Como técnico, San Martín es también la maravilla de la época. Formó un ejército de la nada, con el concepto de “la Nación en armas”, que solo un siglo después fue mencionado por los estrategas más famosos. Con ese ejército, que fue fuerza y escuela, pasó las cordilleras más elevadas que tropa alguna haya cruzado. Con una maniobra estratégica que maravilla por lo ingeniosa en su concepción y perfecta en su realización, llega a la batalla decisiva de Chacabuco, pero que la había ganado antes de ponerse en marcha, en Mendoza.
Esa extraordinaria previsión, esa perfecta preparación y esa acabada realización sólo se presentan cuando los genios conducen.
San Martín, como Napoleón en Europa, es un revolucionario en los métodos de guerra en esta parte del mundo. Es un creador, jamás un imitador. Por eso lo vemos como maestro, como jefe, como artesano, como político, como gobernante, como estadista y como guerrero. Los hombres superiores, a menudo, sirven para dirigir todo eso. Después de ellos, venimos los hombres comunes, que, bien dirigidos, servimos para todo o no servimos para nada.
Como general, como conductor, como hombre y como ciudadano, San Martín es una sola cosa: lo que debe ser, según su propia sentencia.
En la vida y en el destino de las naciones, aparecen muy de tanto en tanto estos hombres extraordinarios que, con una época, fijan una gloria y establecen una tradición. En que los demás sepan emular su gloria y prolongar su tradición es en lo que estriba la grandeza de esos pueblos.
En este acta solemne de clausura del Año Sanmartiniano de 1950, desde este solar glorioso de Cuyo, en nombre de la Patria misma, deseo exhortar a todos los argentinos para que, emulando las virtudes del Gran Capitán, tengamos la mirada fija en los supremos intereses de la Patria, en la felicidad de todos sus habitantes y la realización de su grandeza.

Juan D. Perón

[1] Teatro Independencia de Mendoza, 31-12-1950: Clausura Congreso Nacional de Historia del Libertador Gral. José de San Martín.

LA FANFARRIA MILITAR "ALTO PERU"


La fanfarria militar “Alto Perú”, del Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín”, fue creada el 18 de febrero de 1926 por propuesta del ministro de guerra, que decía:
• VISTO el expediente M.129 del Regimiento 1º de Caballería Escolta Presidencial “Granaderos a Caballo - General San Martín”, lo informado por el señor Inspector General del Ejército y teniendo en cuenta las funciones que le corresponden como Regimiento Escolta de su Excelencia el Señor Presidente de la Republica;
El Ministro de Guerra
Resuelve:
1º organícese la banda de música para el regimiento Nº 1 de Caballería Escolta Presidencial “Granaderos a caballo General San Martín”, con el personal que actualmente tiene, completándolo hasta el número de treinta y tres con personal de las bandas de música de los institutos y cuerpos de infantería del ejército, a razón de uno por unidad. En el año 1971 por orden del día del regimiento Nº 218/71, se le imponen distintas denominaciones a cada subunidad del regimiento, correspondiéndole a la fanfarria militar la de “Alto Perú”.
En nuestros días, la fanfarria militar “Alto Perú” como parte del regimiento, cumple con la misión de escoltar al señor presidente de la República, a otros dignatarios extranjeros que visitan nuestro país, como también recibir a embajadores en el momento de acreditarse como tales.
Tras la visita a nuestro país en el año 1997 del presidente de Francia Jacques Chirac, la fanfarria fue invitada a participar del “II Festival Internacional de Música Militar” realizado en la ciudad de Niza, convirtiéndose en la primer banda o fanfarria que haya pisado suelo europeo.
• Difusión del patrimonio musical argentino
La Fanfarria Militar “Alto Perú” como parte del proyecto de difundir el patrimonio musical argentino a realizado la grabación de dos
compactos, uno de marchas para caballería y otro con canciones patrióticas argentinas en conjunto con el coro de la Universidad de Belgrano. En todos los tiempos, los toques militares han existido y han animado a los ejércitos, especialmente a las unidades de caballería que los necesitaba para transmitir las órdenes.
Se la denomina fanfarria por las características de sus instrumentos, compuestos por instrumentos metálicos, de manera de poder ejecutar los sones a caballo y en movimiento. Por extensión también se reconoce como tal a aquellos agrupamientos que se encuentran capacitados para interpretar música montados a caballo. Los oficiales, suboficiales y soldados de la fanfarria usan en la manga izquierda de su uniforme el escudo "yo soy de los vencedores de pasco" que fuera otorgado por el capitán general y en jefe del Ejército Unido Libertador del Perú, el 18 de diciembre de 1820, a los granaderos que participaron en la batalla, librada el 6 de diciembre de 1820 por una división del ejército libertador al mando del general Juan Antonio de Arenales en las Sierras del Alto Perú, cerca de la ciudad de Pasco.

BANDAS MILITARES DEL EJERCITO DE LOS ANDES
Las bandas de música del Ejército de los Andes merecieron elogiosos comentarios en Chile y Perú. Damián Hudson en sus Recuerdos Históricos nos trae a la memoria estos conjuntos al referirse al juramento de las banderas en Mendoza: «A la hora conveniente el ejército de gran parada, se puso en marcha dirigiéndose a la plaza al son de cuatro músicas militares que poseían los cuerpos de infantería y de las bandas de cornetas de la caballería... las aclamaciones del pueblo se sumaron a las marciales armonías de las bandas de música, de tambores y clarines...». El mismo autor describe la partida de Mendoza del Ejército de los Andes, el 20 de enero de 1817: «Un inmenso pueblo estaba allí reunido para dar el adiós al ejército. Este salió de su campo de instrucción, llenando el aire los marciales acentos de sus músicas militares, de sus numerosas bandas de tambores y clarines, cuyos ecos repercutían en el pecho de cada uno de aquellos valientes. Al romper la marcha aquél, atronó el ámbito del campamento con vivas a la patria, al Ejército de los Andes, levantando en alto sus sombreros y pañuelos, mientras las ordenadas e imponentes columnas se alejaban y se perdían a lo lejos"
Las bandas más famosas del ejército de San Martín fueron las del batallón N° 8, que dirigía Matías Sarmiento, y la del batallón N° 11, que había obsequiada a San Martín el señor Rafael Vargas, acaudalado hacendado mendocino. En 1810 el señor Vargas había enviado a Buenos Aires a 16 de sus esclavos negros para que se les enseñara la música de instrumentos de viento, encargando a su apoderado que hiciera traer de Europa instrumentos, música y uniformes. Después de cuatro años regresaron los negros a Mendoza formando una banda completa de muy regular capacidad. Se supone que estos esclavos fueron alumnos de Víctor de la Prada, que en 1810 dirigía una academia de música instrumental en Buenos Aires (véase el Correo de Comercio del 24 de marzo de 1810). El General Jerónimo Espejo, en su libro El paso de los Andes, expresa: «Cuando en 1816 San Martín realizó la expropiación de los esclavos, el señor Vargas le obsequió la banda completa con su vestuario, instrumental y repertorio de música». El músico chileno José Zapiola en su libro de memorias. Recuerdo de Treinta Años, aporta interesantes detalles sobre las bandas del ejército patriota que transcribimos a continuación:
En 1817 entró en Santiago el Ejército que, a órdenes del Gral.San Martín había triunfado en Chacabuco. Ese ejército ingreso con dos bandas regularmente organizadas, sobresaliendo la del Batallón Nº 8 compuesto en su totalidad de negros africanos y criollos argentinos, vistiendo uniformes a la turca. Días después de la batalla de Chacabuco, se publicó el bando que proclamaba a Bernardo O'Higgins Director Supremo de Chile, el pueblo entero al oír aquella música, creía estar en la gloria, según decía. Estas bandas eran superiores a la única en poder de los realistas en el batallón Chiloé. Uno de estos conjuntos marchó al Sur con el Batallón N° 11; mientras la del Batallón Nº 8 quedó en Santiago. Mi afición a la música me hacía asistir a todas las horas en que esta banda funcionaba. Los oficiales me miraban como si perteneciera al batallón. Contraje amistad con el músico mayor, Matías Sarmiento, que tocaba el requinto y enseñaba a la banda, instrumento por instrumento, haciendo oír a cada uno su parte por separado, y siendo él el único que sabía algo de música; pues todos la ignoraban y aprendían de oído lo que él les repetía.
Este modo de aprender es muy difícil para el que enseña y para el que aprende; pero la costumbre había facilitado el trabajo; a lo que debe agregarse que las piezas que se ejecutaban eran de poca extensión, consistiendo en marchas, paso dobles y valses. El flautín de la banda me había enseñado a conocer los signos y algo de la escala de la flauta. En cuanto a los valores, los ignoraba completamente, y nada pude aprender en esa parte. Sarmiento, antes de enseñar a los demás, tenía que estudiar el primero y el segundo clarinete; los otros instrumentos acompañaban como podían; y como leía la música con mucho trabajo, yo, que me ponía a su lado cuando estudiaba, y le seguía con la vista en el infinito número de veces que tenía que repetir cada frase, aprovechaba para mí el prolijo estudio que él hacía. En 1820 era tambor mayor del Batallón N° 8, el sargento Moyano, cuya fisonomía estaba marcada por un horroroso chirlo que le atravesaba todo un lado de la cara. Este sargento tuvo parte principal en la entrega de las fortalezas del Callao, en que fue fusilado el heroico negro Falucho».

"200 AÑOS DEL 1º COMBATE NAVAL ARGENTINO"


La Secretaría General de la Presidencia de la Nación, por medio de la resolución 83/2011, declaró de interés nacional el “Acto conmemorativo del Bicentenario del Bautismo de Fuego de la Armada Argentina”.
Dicha resolución tiene por finalidad apoyar y destacar el valor histórico de ese acontecimiento en los albores de nuestra constitución como Nación.

El Miércoles 2 de marzo a las 00 horas, en el monumento al Coronel de Marina Juan Bautista Azopardo, que guarda sus restos, -entre las calles Pellegrini y la Barranca- se rendirá homenaje a quien comandara la escuadra que se batió contra los realistas en la Batalla Naval de San Nicolás. La Banda de Música ejecutará el Himno Nacional y se apostará una guardia de honor.
Por la mañana, a las 9.30, el Municipio de San Nicolás descubrirá una placa conmemorativa y la Armada Argentina colocará una ofrenda floral en el monolito que recuerda el hecho histórico, ubicado dentro del predio del Destacamento Vigilancia “Cuartel San Nicolás” del Ejército Argentino, en la intersección de las calles Colón y Necochea.
Luego, en el Monumento al Coronel de Marina Juan Bautista Azopardo, la Armada Argentina descubrirá una placa conmemorativa por el Bicentenario del Primer Combate Naval.
El acto central dará inicio a las 11 y consistirá en un desfile cívico militar sobre la avenida Juan Manuel de Rosas donde, al son de la Banda de Música de la Armada y de la Escuela Naval Militar, desfilarán efectivos navales y fuerzas vivas de la ciudad.
Finalmente, a las 21, se le impondrá el nombre de “Primer Combate Naval Argentino” al Anfiteatro Municipal –ubicado en Colón y España- donde artistas locales representarán la obra “Azopardo”.
RESEÑA HITORICA.
Determinado por la Junta de Buenos Aires crear una flotilla para que enfrentara en las aguas del Paraná el poder naval de los españoles y además abasteciera logísticamente al Paraguay, se determino encomendar la tarea a Don Juan Bautista Azopardo, un bravo marinero maltes al servicio de Buenos Aires.
El logro reunir tres naves inadecuadas para cumplir con la misión naval encomendada. Azopardo había arribado al Rió de la Plata y tomando patente de corsario al servicio de la bandera española, en cuyo carácter hizo un expedición al África. A su regreso de Buenos Aires, combatió contra los ingleses en sus invasiones y fue uno de los dos que se alistaron en las filas de la Revolución de Mayo. Estos ascendentes del marino sirvieron que la junta de Mayo le confiara la misión. Después de haber equipado las tres naves, dotándolas con treinta y tres cañones casi inservibles, se puso en marcha por las aguas del Paraná, debiendo navegar hasta Corrientes, en donde se encontraba el general Belgrano. Tenia pues que recorrer como 130 leguas.
Desde que la expedición se estaba organizando, el enemigo tenia conocimientos de ella, pues en Montevideo se había preparado secretamente otra escuadrilla de cuatro buques, mas poderosa que la de Buenos Aires, al mandó de Jacinto Romarate y pronto a hacerse a la vela al primer aviso. Así se fue que inmediatamente de tener conocimiento d la partida de la flotilla patriota, hizo las velas y se puso en su seguimiento.
Azopardo- al saber que las naves españolas se acercaban aproximo a la barranca del Paraná frente a San Nicolás, disponiéndose a esperar allí al enemigo, saco los cañones de dos de sus goletas, y con ellas formo baterías de tierra. Dejo solamente cincuenta tripulantes a bordo de la Invencible, que era la nave de mejores condiciones, y con el ánimo heroico de defenderse hasta la muerte, levanto la bandera al tope de los mástiles. Así preparado, espero resueltamente al enemigo.
El 2 de marzo de 1811 ambas escuadras se encontraron a la altura del actual Destacamento de Vigilancia. Calle Necochea- y se trabaron en cruento combate, reñido en los primeros momentos.
Las ventajas no tardaron en declararse a favor dela escuadra española, que estrechaba cada vez mas el circulo que habían formado rodeando a los patriotas. Las baterías de tierras fueron desmontadas, quedando solo a Invencible contra cuatro buques mas poderosos que al fin se lanzaron al abordaje. Desde ese momento, la lucha asumió proporciones horrorosas. Azopardo, entonces no pensó más que en morir defendiendo el honor de la expedición que se había confiado.
Al cabo de dos horas de combate, solo habían quedado 8 hombres de los 50 que tenía a bordo al principio de la lucha. Comprendió que era imposible continuarlas en aquellas condiciones, y se dispuso a darle termino, para lo cual se dirigió hacia la Santa Bárbara con el objeto de hacer volar el buque, pero la puerta que comunicaba a esta había sido cerrada por una mano anónima, y de ninguna manera pudo abrirla. Desesperado por este contratiempo, reunió un cajón de cartuchos, los derramo sobre la cubierta y pretendió hacer volar su buque, arrimando a la pólvora un amecha encendida, a fin que la goleta se hundiera con toda la tripulación y no cayera en poder de enemigo.
Los vencedores y los vencidos se llenaron de espanto: los españoles, asombrados ante su arrojo de héroe, le ofrecieron la vida Azopardo lleno de rabia y desesperación, arrojo al agua la mecha ya encendida, porque comprendió que no iba a poder hacer volar el buque y se entrego.
Azopardo fue conducido a Montevideo y de allí al famoso presidio de Ceuta, donde permaneció nueve años.
En 1820 debido a una insurrección que estalló en la península, fue liberado y pudo regresar a Buenos Aires, reincorporandose nuevamente al servicio de nuestra patria.

EL COMBATE DE SAN LORENZO















El río de la Plata y sus afluentes reconocían por únicos señores a los marinos españoles sitiados en Montevideo, quienes hostilizaban todo el litoral argentino. El gobierno de la revolución, para contrarrestarlos levantó baterías frente al Rosario y en Punta Gorda (aprox. 50 km. al norte de Rosario), pero el río Paraná continuaba siendo el teatro de sus continuas depredaciones. En octubre de 1812 fueron cañoneados, asaltados y saqueados los pueblos de San Nicolás y San Pedro.
Alentados por el éxito de estas empresas los realistas resolvieron darles extensión, como medio de hostilidad permanente. Organizaron sigilosamente una escuadrilla con el plan de remontar el río, destruir las baterías del Rosario y Punta Gorda, y subir hasta el Paraguay apresando en su trayecto los buques de cabotaje que se ocupaban del tráfico comercial con aquella provincia. Se confió la dirección del convoy al corso español Rafael Ruiz, y al mando de la tropa de desembarco al capitán Juan Antonio Zabala. En enero llegaron estas noticias al gobierno de Buenos Aires, que mandó desarmar las baterías del Rosario, por no considerar conveniente su defensa. Al mismo tiempo, dispuso se reforzasen las baterías de Punta Gorda y ordenó al coronel del recientemente creado Regimiento de Granaderos a Caballo, José Francisco de San Martín que con una parte de su regimiento protegiese las costas del Paraná desde Zárate hasta Santa Fe.
La expedición naval realista, procedente de Montevideo, penetró por las bocas del Guazú a mediados del mes de enero de 1813. Se componía de 11 embarcaciones armadas, tripuladas por 300 hombres. Aunque retrasada la expedición por los vientos del norte, San Martín apenas tuvo tiempo de salir a su encuentro a la cabeza de 140 granaderos y destacó algunas partidas para vigilar la costa del río. El 28 de enero la flotilla enemiga pasó por San Nicolás. El 30 subió más arriba del Rosario, sin hacer ninguna hostilidad. El comandante militar del Rosario, don Celedonio Escalada, reunió la milicia para oponerse al desembarco. Consistía su fuerza en 22 hombres armados, 30 de caballería y un cañoncito manejado por media docena de artilleros.
En la noche levaron anclas los buques españoles, y el día 30 amanecieron frente a San Lorenzo, veintiséis kilómetros al norte del Rosario, anclando a 200 metros de la orilla. Las altas barrancas, escarpadas como una muralla, sólo son accesibles por los puntos en que la mano del hombre ha abierto sendas, practicando cortaduras. Sobre la alta planicie que corona la barranca se levanta el convento de San Carlos. Un destacamento español desembarcó con el objeto de requerir víveres a los frailes y ante la llegada de Escalada, que con 50 hombres constituía la avanzada de San Martín, se replegó a sus naves. En la noche del 31 fugó de la escuadrilla el paraguayo José Félix Bogado. Por él se supo que toda la fuerza de la expedición realista no pasaba de 350 hombres. Inmediatamente transmitió Escalada esta noticia, y uno de sus mensajeros encontró al coronel San Martín al frente de los granaderos, cuya marcha se había retrasado en dos jornadas respecto de la expedición naval española. Sin estas circunstancias casuales, que dieron tiempo para que todo se preparase convenientemente, el combate de San Lorenzo no habría tenido lugar.
San Martín, con su columna, seguía a marchas forzadas. En la noche del día 2 de 'febrero, llegó a la posta de San Lorenzo, distante cinco kilómetros del convento. Allí encontró los caballos que Escalada había hecho llevar a modo de remonta. Esa misma noche la columna patriota arribó al convento de San Carlos, en San Lorenzo. Todas las celdas estaban desiertas y ningún rumor se percibía en los claustros. Cerrado el portón, los escuadrones echaron pié a tierra en el gran patio del convento, prohibiendo el coronel que se encendiesen fuegos, ni se hablara en voz alta. San Martín, provisto de un catalejo, subió a la torre de la iglesia y se cercioró de que el enemigo estaba allí por las señales que hacía por medio de fanales. Seguidamente reconoció el terreno vecino y, tomando en cuenta las noticias suministradas por Escalada, formó inmediatamente su plan.
Al frente del convento se extiende una alta planicie, adecuada para las maniobras de la caballería. Entre el atrio y el borde de la barranca acantilada, a cuyo pie se extiende la playa, media una distancia de poco más de 300 metros, lo suficiente para dar una carga de fondo. Con estos conocimientos, San Martín dispuso que los granaderos saliesen del patio y se emboscaran formados tras los macizos claustros y las tapias posteriores del convento. Al rayar la aurora, subió por segunda vez al campanario provisto de su anteojo militar. Pocos momentos después de las cinco de la mañana las primeras lanchas de la expedición española, cargadas de hombres armados, tomaban tierra. Eran dos pequeñas columnas de infantería en disposición de combate. San Martín se puso al frente de sus granaderos y arengó a quienes por primera vez iba a conducir a la pelea. Después de esto tomó el mando del 2º escuadrón y dio el del 1º al capitán Justo Bermúdez, con prevención de flanquear y cortar la retirada a los invasores: "En el centro de las columnas enemigas nos encontraremos, y allí daré a Ud. Mis órdenes." Los enemigos, unos 250 hombres, venían formados en dos columnas paralelas con la bandera desplegada y traían dos piezas de artillería al centro. En aquel instante resonó por primera vez al clarín de guerra de los Granaderos a caballo. Salieron por derecha e izquierda del monasterio los dos escuadrones, sable en mano y en aire de carga, tocando a degüello. San Martín llevaba el ataque por la izquierda y Bermúdez por la derecha. El combate de San Lorenzo tiene de singular que ha sido narrado con encomio por el mismo enemigo vencido: "Sin embargo, de la primera pérdida de los enemigos, desentendiéndose de la que les causaba nuestra artillería, cubrieron sus claros con la mayor rapidez, atacando a nuestra gente con tal denuedo que no dieron lugar a formar cuadro."
Las cabezas de las columnas españolas desorganizadas en la primera carga, que fue casi simultánea, se replegaron sobre las mitades de retaguardia y rompieron un nutrido fuego contra los agresores, recibiendo a varios de ellos en la punta de sus bayonetas. San Martín, al frente de su escuadrón, se encontró con la columna que mandaba en persona el comandante Zabala. Una descarga de fusilería mató a su caballo y le derribó en tierra, quedando aprisionada bajo el corcel ya muerto una de sus piernas. Trabase a su alrededor un combate parcial de arma blanca, recibiendo él una ligera herida de sable en el rostro. Un soldado español se disponía a atravesarlo con la bayoneta, cuando uno de sus granaderos, llamado Baigorria, traspasó a realista con su lanza. San Martín habría sucumbido en aquel trance, si otro de sus soldados no hubiese venido en su auxilio, echando pie a tierra y arrojándose sable en mano en medio de la refriega.
Con fuerza y serenidad Juan Bautista Cabral, desembaraza a su jefe del caballo muerto y recibe, en aquel acto, dos heridas mortales, gritando con entereza: ¡Muero contento. Hemos batido al enemigo!
El capitán Bermúdez, a la cabeza del escuadrón de la derecha, hizo retroceder la columna que encontró a su frente. La victoria se consumó en menos de un cuarto de hora. Los españoles, desconcertados y deshechos por el doble y brusco ataque, abandonaron en el campo su artillería, sus muertos y heridos, y se replegaron haciendo resistencia sobre el borde de la barranca, donde intentaron formar cuadro. La escuadrilla rompió fuego para proteger la retirada, y una de sus balas hirió al capitán Bermúdez en el momento en que llevaba la segunda carga. El teniente Manuel Díaz Velez, que lo acompañaba, arrebatado por su entusiasmo y el ímpetu de su caballo, se despeñó de la barranca. Los últimos dispersos españoles se lanzaron en fuga a la playa baja, precipitándose muchos de ellos al despeñadero. Los granaderos tuvieron veintisiete heridos y quince muertos.
San Martín suministró generosamente víveres frescos para los heridos enemigos, a petición del jefe español. A la sombra de un pino añoso, que todavía se conserva en el huerto de San Lorenzo, firmó el parte de la victoria.
El combate de San Lorenzo fue de gran trascendencia para la revolución. Pacificó el litoral de los ríos Paraná y Uruguay, dando seguridad a sus poblaciones; mantuvo libre la comunicación con Entre Ríos, que era la base del ejército sitiador de Montevideo; privó a esta plaza del auxilio de víveres para prolongar su resistencia; conservó franco el comercio con el Paraguay, que era una fuente de recursos y, sobre todo, dio un nuevo general a sus ejércitos y a sus armas un nuevo temple.

LA ASOCIACION CULTURAL SANMARTINIANA DE SAN NICOLAS DA SU BIENVENIDA A SU BLOG


Es imprescindible que los argentinos, en particular los más jóvenes, dejemos de ignorar la riqueza de nuestra historia y busquemos, a través de los ejemplos de altruismo y dignidad del Padre de la Patria, el modelo ético que nos permita afrontar el desafío de circunstancias contemporáneas como la globalización, la dinámica del progreso tecnológico y los riesgos crecientes de afectación o perdida de la identidad nacional. Descubrir el y hacer del general San Martín será la mejor alternativa para no caer en la imitación de los estereotipos mediáticos o de los falsos ídolos de la publicidad. Solo así como sociedad y como estado lograremos la argentina que el General siempre deseo.

Objetivos Generales de la Asociación:

Difundir el conocimiento de la vida, personalidad e ideario del Libertador General Don José de San Martín, en sus aspectos militares y especialmente morales y civiles a través de actividades didácticas y mediante la enseñanza dirigida al público en general, y especialmente a la juventud estudiantil.

Colaborar con las autoridades nacionales, provinciales, municipalidad de San Nicolás e instituciones oficiales y privadas, con el objetivo de homenajear la figura histórica del prócer.

Realizar publicaciones y artículos periodísticos a fin de transmitir el conocimiento de la vida, personalidad e ideario del Libertador General Don José de San Martín.

Coordinar con el Instituto Nacional Sanmartiniano y demás Asociaciones Culturales Sanmartinianas las metas a seguir con el fin de sostener las bases y pilares sobre los que se cementan la persona del General San Martín.

CHACRA LOS BARRIALES Y CERRO DE LA GLORIA














El pasado fin de semana tuve la suerte de viajar hacia a La Provincia de Mendoza, pude constatar personalmente que verdaderamente me encontré con la “tierra del sol y del buen vino”, aquella que cautivo a nuestro querido General San Martín y que a mi entender vivió los años mas armoniosos de su vida. Aquí es donde nació su hija Mercedes “la infanta mendocina”, donde se desempeño como un excelente Gobernador, donde creó el glorioso e inigualable Ejército de los Andes y donde deseaba haber vivido el resto de sus días. En esta oportunidad pude conocer su queridísima Chacra de los Barriales "Mi Tebaida" como el la llamaba y el majestuoso Cerro de la Gloria que conmemora la gran hazaña libertadora, santuarios estos dignos de ser conocidos por todos los argentinos y en especial por los sanmartinianos.
CHACRA LOS BARRIALES
Museo Histórico de las Bóvedas de San Martín: En octubre de 1816, el Gral. San Martín solicita se le entreguen 50 cuadras en el este mendocino y las 200 restante se otorgan a su hija Merceditas. Estas fracciones están ubicadas en un inmenso paraje que en ese momento se denominaba Los Barriales, (hoy ciudad de San Martín). El General, al partir hacia Chile, deja a cargo de su chacra de doscientas cuadras al Sr. Pedro Advíncula Moyano encargándole que utilice el predio para la cría de ovejas y engorde de ganado. En 1823 cuando San Martín regresa de la campaña libertadora reside un tiempo en ella.
En el exilio José se encuentra asesorado de la situación de su chacra por las distintas misivas que le envía Don Salvador Iglesias. A pesar de las desalentadoras noticias económicas de su chacra, San Martín comunica que cuando culmine la educación de su hija, si las Provincias Unidas se hallan tranquilas regresará a Mendoza para instalarse en su Tebaida. Sus administradores le aconsejan desprenderse de su chacra, porque además de su escasa productividad se ve amenazada por los disturbios políticos. Aunque nunca regresa, siempre cuida de este predio, y en cumplimiento de su palabra se desprende de algunas cuadras, como cuando le otorga 50 en 1833 a el Coronel Tomás Guido y al año siguiente en pago de contrato, igual cantidad a don Pedro Advíncula Moyano con lo cual “la Chacra” se reduce considerablemente. 21 años después del fallecimiento del General San Martín, su familia decide la venta de la propiedad y el predio es adquirido por Don Saturnino Álvarez.
Tanto la tradición oral, como la documentación gráfica coinciden en señalar que esa vivienda tenía techos en forma de bóveda. En el trazado de Mauricio Rugendas observamos cinco cúpulas, dos mayores en los extremos y tres más pequeñas en el centro. Esta cubierta tiene una relación directa con el tamaño de las habitaciones en la que se apoya. El peralte de las cúpulas se caracteriza, por ser muy pronunciado. Son estas habitaciones las que probablemente correspondan a las tres piezas que menciona el inventario. Dos cuartos al extremo, con bóvedas mayores y las tres pequeñas a un solo ambiente.
En 1905 la Chacra fue adquirida por Ricardo Palencia, quien no sólo cultivó las tierras del lugar sino que además construyó una casa con techos abovedados en homenaje al Libertador a la que llamó "Las Bóvedas", la misma es donada a la Municipalidad de San Martín en el año 1970, por la firma Echesortu y Casas, dando lugar a la creación del Museo Histórico Municipal Las Bóvedas.
"Mi Tebaida", su añorada tierra, que conservó por siempre pese a que esta no le generaba ningún rédito económico, sin embargo en su interior profesó hasta el fin de sus días un gran aprecio y apego a este terruño, sin duda añorando siempre su regreso para pasar allí sus últimos días tal como lo planeo luego de su alejamiento de la escena política y militar
MONUMENTO AL EJÉRCITO DE LOS ANDES. EL CERRO DE LA GLORIA
Su origen se encuentra encuentra en la Ley Nacional Nº 2.270, dictada en el año 1888, en que se dispuso la "creación en la ciudad de Mendoza de un monumento conmemorativo de la Campaña del Ejército de los Andes". Pero fue recién en febrero de 1909, mediante la Ley Nacio-nal Nº 6.286 de celebración del Centenario de la Revolución de Mayo, cuando se sancionó nuevamente su creación y se nombró una comisión para su ejecución.
Su autor fue el escultor uruguayo Juan Manuel Ferrari (1874-1916), quien había elaborado dos maquetas. Para la propuesta final recogió los aspectos más importantes de ambas, bajo los consejos del perito Francisco Moreno, integrante de la comisión nacional.
Ferrari visitó la provincia para elegir el lugar en el cual sería emplazado el monumento. Con el asesoramiento del Dr. Dionisio Gutiérrez del Castillo recorrió las zonas aledañas del Parque y luego de estudiar detenidamente el Cerro del Pilar exclamó: "Este es mi montículo, ni mandado hacer". El 19 de enero de 1912, aniversario de la partida del ejército de los Andes, se realizó el acto de colocación de la piedra fundamental en la cima del cerro. El 30 de enero de 1913, por decreto del poder ejecutivo se cambió su denominación por “Cerro de la Gloria”.
Todo el conjunto escultórico está realizado en bronce, y la fundición se llevó a cabo en el arsenal de guerra de la Nación. En la realización del monumento Ferrari contó con la colaboración de J. Oliva, V. Garino, Calistri, Guarini y Cerini. El gobierno provincial tuvo a su cargo la nivelación de la cima y apertura de caminos del cerro, y construcción del basamento en piedra cordillerana.
La temática es histórica y con sentido conmemorativo: la exaltación de la Gesta Libertadora. A través de un vasto conjunto escultórico de estatuas y relieves se han relatado los principales momentos de la epopeya, sobre un basamento que simboliza la cordillera de los Andes. El monumento alcanza en su punto más alto 16 metros de altura.
En su frente aparece la estatua ecuestre del General San Martín, acompañado a sus lados por dos grupos de Granaderos a Caballo (de cinco figuras cada uno). Rodeando el basamento en los costados este, sur y oeste, se encuentran tres frisos que narran los hechos más notables en la formación del ejército. En el ubicado al este están representadas las actividades de la maestranza a cargo de fray Luis Beltrán, en el del sur se destacan los donativos de las damas y del pueblo, y en el oeste se aprecia la partida del ejército hacia Chile.
En la parte superior se encuentra representada la caballería en posición de ataque, al toque del clarín. Sobre ésta, se eleva la figura alegórica de la Libertad envuelta en la bandera de la Patria y mostrando las cadenas rotas que simbolizan la Independencia, mientras que a un costado se alza el símbolo de los Andes: un cóndor que alza vuelo. En el basamento están colocados los escudos de Argentina, Chile y Perú.
Fue inaugurado el 12 de febrero de 1914, en el 97° aniversario de la batalla de Chacabuco. Hacia 1940 Daniel Ramos Correas realizó la remodelación del acceso del monumento y le colocó la amplia escalinata adelante y el ofrendatorio con el plaquetario en la explanada anterior a la cumbre. El monumento, su base y su entorno fueron declarados Patrimonio Cultural de la Provincia de Mendoza por Decreto N° 552 del 13 de abril de 1998.

125º ANIVERSARIO DE LA ESCUELA P.Nº13"GENERAL DON JOSÉ DE SAN MARTÍN" DE GENERAL ROJO















El 30 de Septiembre de 2010 la Escuela Provincial Nº 13 "General Don José de San Martín" de General Rojo celebró su 125º aniversario. La Asociación Cultural San Martiniana estuvo presente a través de su vocal el Dr. Santiago Fontana que como presente dono un cuadro con la imagen del queridísimo General San Martín. Cave resaltar la presencia del Regimiento de Granaderos a Caballos que honraron a la escuela que lleva el nombre de su glorioso creador. La Asociación Agradece y felicita a la Directora de la institución Sra. Stella M. Cachiarelli y a la Sra. M. Cecilia Flores en su calidad de Secretaria por este hermoso y emotivo acto.

ANIVERSARIO DEL DESEMBARCO DEL EJERCITO LIBERTADOR EN EL PERU


El día 8 de septiembre se produce el desembarco del Ejército Libertador en el Perú. En la Bahía de Paracas se inician las operaciones de desembarco. Posteriormente el General José de San Martín, desde su Cuartel General en Pisco, dicta una proclama recomendando a las tropas un comportamiento juicioso y de respeto hacia las personas y bienes, estableciendo penalidades para los infractores. En esta fecha se conmemora el Día de la Amistad Argentino-Peruana.
El llamado Desembarco de San Martín marca el comienzo de una serie de episodios de la historia Peruana de gran significación para la organización política que adoptaría la Sudamerica independiente.
El 20 de agosto de 1820, partió de Valparaiso, Chile, con destino al Perú, la Expedición Libertadora al Perú al mando del Generalísimo José Francisco de San Martín. El jefe de Gobierno chileno, Capitán General Bernardo O’Higgins, realizó grandes esfuerzos para hacer realidad esta costosa y arriesgada empresa.
El Vicealmirante Thomas Cochrane condujo la flota de once naves de guerra de alto bordo y 15 transportes, conduciendo casi 4.000 efectivos de nacionalidad argentina, peruana y chilena adecuadamente uniformados y pertrechados. La escuadra navegó bajo bandera chilena.
La finalidad de la expedición era desembarcar cerca de Lima, establecer una cabeza de playa segura y realizar una rápida incursión militar que aislara a la capital y permitiera enfrentar de manera disgregada al ejército realista. Un hito clave de la estrategia era tomar Lima, hasta entonces llamada Ciudad de los Reyes, y proclamar la independencia, nombrándose San Martín Protector del Perú, para desde esta posición llamar a sumarse a la causa patriota al resto del Perú.
El desembarco se produjo sin novedad en la bahía de Paracas en la mañana del 8 de septiembre. Tomó varias horas el cuidadoso arribo a tierra de las tropas, municiones y artillería. Al momento del arribo un pelotón de caballería del Virrey que custodiaba el lugar huyó hacia el norte. En la ciudad de Pisco hizo otro tanto el jefe militar español de la plaza, Coronel Químper.
Mientras se realizaba el desembarco de todo el ejército, un escuadrón de caballería y una compañía de infantería con artillería ligera se adelantaron a tomar posiciones en las inmediaciones de Pisco. El Ejército Libertador, con el propio San Martín al frente, entró al ciudad en horas de la tarde. A su paso, muchos lugareños vivaron a las tropas patriotas y hubo jóvenes, incluidos algunos esclavos, que se ofrecieron como voluntarios portando como credencial alguna de las proclamas distribuidas clandestinamente en los puertos, meses antes, por el vicealmirante Cochrane.
San Martín instaló su Estado Mayor en una antigua casona ubicada a menos de 50 metros de la plaza mayor. Allí trabajó y residió durante algunos días, definiendo la estrategia militar a seguir en suelo peruano y complementariamente vislumbrando lo que sería la primera bandera y el primer Escudo del Perú independiente.
Allí, fueron aceptados los primeros voluntarios peruanos. José María Palomo, quien tuvo heroica actuación en el Puente Llapay, en Huaura, semanas después; Manuel Tiburcio Odriozola, letrado que llegó a ser secretario de gobierno y que libró batalla ese 4 de octubre en Nazca; Manuel Jorge Bastante, religioso que ejerció como Capellán en filas; Juan José Salas, quien fuera alcalde de primer voto de Ica; Francisco de Paula Cabrera, abogado Iqueño; Isidro y Baltasar Caravedo; José Florez, conspirador entonces prófugo, jefe del grupo de los “deanes” de la calle Monopinta de Lima; Juan José Loyola, quien llegó a ser general; los hermanos Lorenzo; Joaquín Bardales, Pablo Farfán, Santiago Gómez, Manuel Revilla, José Bernaola, Manuel Carrasco; Rafael y José Santos Lévano, trabajadores iqueños y José María de la Fuente Carrillo de Albornoz, marqués de San Miguel de Híjar, quien pidió un puesto en el ejército y aportó caballos y dinero.
Antes de caer la noche del 8 de septiembre, mediante una imprenta portátil perteneciente a su ejército, San Martín emitió su primera proclama desde suelo peruano, firmada:
“San Martín. Cuartel general del Ejército Libertador en Pisco. Septiembre 8 de 1820. Primer día de la libertad del Perú”
En esta proclama decía:
“Compatriotas: […]. El último virrey del Perú hace esfuerzos para prolongar su decrépita autoridad […]. El tiempo de la impostura y del engaño, de la opresión y de la fuerza está ya lejos de nosotros, y sólo existe la historia de las calamidades pasadas. Yo vengo a acabar de poner término a esa época de dolor y humillación. Este es el voto del Ejército Libertador”.

FESTEJOS Y ACTIVIDADES EN CONMEMORACION AL 17 DE AGOSTO
















La Asociación Cultural Sanmartiniana, la Municipalidad de San Nicolás de los Arroyos junto a diversas colectividades, fuerzas de seguridad, colegios de la ciudad y ciudadanos celebraron el Centésimo Sexagésimo aniversario del Paso a la Inmortalidad del General don José de San Martín. El acto comenzo con el respetuoso minuto de silencio, la entonación de las estrofas del Himno Nacional y el Himno al General San Martín. Posteriormente se depositaron las ofrendas florales al pie del monumento que eleva la estampa ecuestre del Libertador, haciendo uso de la palabra el Presidente de la Asociación, el escribano Aníbal Espinosa Viale y el Intendente de San Nicolás Marcelo Carignani.
Con respecto a las actividades que se desarrollaron para festejar la semana Sanmartiniana, miembros de la Asociación disertaron sobre la historia y persona del General San Martín en diversos colegios, facultades, medios televisivos y de radiodifusión de la ciudad, además se abrieron las puertas de la casa de la Asociación donde alumnos y maestros pudieron conocer los diferentes objetos que representan la vida del padre de la patria.

COLEGIOS DE LA CIUDAD VISITARON EL MUSEO DE LA ASOCIACION
















En el marco de los festejos Sanmartinianos, las puertas de la Asociación Cultural Sanmartiniana se abrieron para que diferentes colegios de la ciudad puedan conocer sus instalaciones y diversos objetos que reflejan la vida y obra del general San Martín. Agradecemos la visita de la Escuela Nº 502, la escuela AMAF y Alumnos de la tercera sección del Nivel Inicial del colegio Don Bosco.

El PRESIDENTE DE LA ASOCIACION EN “DEBATE ABIERTO”














El pasado 21 de julio el Presidente de la Asociación, el escribano Aníbal Espinosa Viale, fue invitado al programa “DEBATE ABIERTO” conducido por Pablo González, emitido por CABLEVISION San Nicolás. Nuestro presidente expuso cuales iban a ser las actividades a desarrollar el próximo 17 de Agosto de 2010, fecha donde se conmemora el fallecimiento del General Don. José de San Martín, la mismas incluyen el acto conmemorativo en el Parque San Martín junto a autoridades gubernamentales, colegios y diversas asociaciones y agrupaciones de la ciudad, también se darán charlas en las escuelas, universidades y radios. Además el mismo expresó que es fundamental para que el país salga adelante que cada argentino conozca la obra y persona del padre de la patria quien junto a muchos patriotas de la época forjaron las bases de nuestra querida nación.

FRAY LUIS BELTRAN EL ARTILLERO DE SAN MARTIN


Si se habla de hombres virtuosos, capaces, fieles a Dios y a su Patria no se puede dejar de mencionar a la persona de Fray Luís Beltrán, a quién Mitre lo describiría como “matemático, físico y químico por intuición; artillero, pirotécnico, carpintero, arquitecto, herrero, dibujante, bordador y médico por la observación y la práctica, entendido en todas las artes manuales y lo que no sabía lo aprendía con sólo aplicar a ello sus extraordinarias facultades naturales".
Beltrán nació en la provincia de Mendoza el 7 de septiembre de 1784. Sus padres Luis Bertrand, francés y Manuela Bustos, criolla, lo hicieron bautizar a los tres días de su nacimiento, cuando por error le castellanizaron el apellido paterno.
A los 16 años ingresó en el Convento de San Francisco en Mendoza donde estudió las ciencias teóricas y ejercitó las prácticas como la física y la mecánica. Decidió seguir su vocación religiosa y fue trasladado a Santiago de Chile, donde en 1812 fue designado capellán de las tropas independentistas comandadas por Carrera. Las habilidades y el ingenio de Beltrán fueron puestos a prueba tras la derrota de Hierbas Buenas cuando se ofreció para recomponer el parque de artillería diezmado por los españoles. Por sus eficientes servicios fue ascendido a Teniente de Artillería, pero la derrota de los patriotas chilenos en Rancagua, el 2 de octubre de 1814, lo obligó a emprender junto a centenares de chilenos el cruce de la cordillera hacia Mendoza. En dicha ciudad se incorporó a las tropas del General San Martín, quién lo nombró teniente 2° y le confió el montaje de parque y maestranza. Beltrán impuso en el campamento del Plumerillo un frenético ritmo de producción, montó un taller en el que trabajaban por turnos unos setecientos artesanos y operarios a los que Beltrán formaba a los gritos en medio del ruido ensordecedor de los golpes del martillo sobre el hierro hasta quedar ronco para toda la vida. Allí, se fabricaba de todo, desde monturas y zapatos hasta balas de cañón, granadas, sables, fusiles, puentes colgantes y vehículos de transporte como las “zorras” (carros angosto montados sobre cuatro ruedas y tirados por mulas), inventadas por él para transportar los cañones por los senderos de la montaña.
Luego de superar el cruce de la temible cordillera y con el grado de capitán el Fray Luís demostró que no sólo fabricaba armas sino que también las usaba con gran coraje, motivo por el cual fue reconocido por el gobierno de las Provincias Unidas a través de una medalla por su actuación en la memorable batalla de Chacabuco el 12 de febrero de 1817.
Proclamada la independencia de Chile, Beltrán comenzó a preparar los pertrechos para la expedición al Perú, pero el desastre de Cancha Rayada lo obligó a trabajar sin parar, junto a un grupo selecto de colaboradores, en la provisión del ejército libertador. En sólo 16 días tuvo listos 22 cañones, cientos de fusiles y miles de municiones que serían estrenados con todo éxito en el definitivo combate de Maipú el 5 de abril de 1818. Para celebrar la Independencia de Chile recibió el encargo del Libertador de preparar los más maravillosos fuegos de artificio.
En 1822 fray Luis Beltrán fue ascendido a sargento mayor, y en 1823 se le entregaron los despachos de teniente coronel graduado. Acompañó a San Martín en la Expedición Libertadora al Perú, donde trabajó como director de maestranza hasta 1824.Tras el retiro de San Martín, Beltrán siguió peleando a los órdenes de Bolívar, instalado en el cuartel general de Trujillo.
Posteriormente se puso a las órdenes de Antonio José de Sucre y participó de la victoria definitiva de la causa americana, la batalla de Ayacucho.
En 1825 volvió a su país justo a tiempo para incorporarse, con su revalidado título de Teniente Coronel a las tropas argentinas que se aprestaban a combatir contra el Brasil. Allí desarrolló una importante labor técnica, ayudando además a proveer de armas a la escuadra del almirante Brown. Con las tropas de Alvear participó en la batalla de Ituzaingó, pero se enfermó y debió dirigirse a Buenos Aires donde renunció a la carrera militar y regresó al convento a vestir los hábitos.
Fray Luís Beltrán, aquel hombre que había armado a los brazos de la patria, imitando a grandes patriotas como Esteban de Luca y Domingo Matheu, fallecía el 8 de diciembre de 1827, en la capital de nuestro país.
Gloria máxima al Artillero de la Patria!!.

PUEBLO ESPAÑOL DONDE EL PROCER ES SAN MARTIN

La plaza del pueblo se llama República Argentina, hay un museo dedicado a San Martín y en la iglesia una imagen de la Virgen de Luján. Con estos datos bien podríamos referirnos a alguna de las tantas localidades del interior argentino, cuyas características resultan particularmente familiares. Sin embargo, se trata del pueblo castellano de Cervatos de la Cueza, en plena de tierra de campos palentina, en el corazón de la España profunda.
Pero, ¿qué tiene de particular este pequeño poblado con alrededor de 300 personas censadas y habitado por apenas un centenar de almas en el crudo invierno castellano? ¿Qué extraña relación lo liga con la República Argentina y con el general San Martín? Sucede que en esta tierra nació y vivió hasta que su carrera militar lo llevó al entonces Virreinato del Río de La Plata, el capitán don Juan de San Martín (n.1728), padre del Libertador de América. Aquí, su casa natal, habitada en el siglo XVIII por la familia hidalga de clase media conformada por don Andrés de San Martín e Isidora Gómez, abuelos del prócer argentino, fue rescatada del olvido por el empresario palentino Eugenio Fontaneda (1929-1991) y transformada en un museo que lleva el nombre de “General San Martín”; en 1978, año del bicentenario del nacimiento de quien es considerado el “Padre de la Patria”.
“De azores castellanos nació el cóndor que se eleva sobre América”, reza la leyenda en el pórtico de entrada a la casa que perteneció a la familia San Martín y que hoy cumple la doble condición de museo etnográfico de la vida en esta región, a la vez que rememora las raíces castellanas del general José de San Martín.Esta vivienda, situada en el número 27 de la calle La Solana, fue construida como edificio aislado, adosado al fondo con otro inmueble y cerrado por una tapia de dos metros de altura aproximadamente. Hoy es uno de los mayores atractivos de la localidad, al punto que recibe numerosas visitas, motivo que llevó a la comunidad autónoma de Castilla y León a declararla monumento y bien de interés cultural.
Su construcción, de adobe, se realizó siguiendo técnicas muy antiguas. La estructura de cubierta es de madera, con tejas de cerámica árabe. Una gran puerta de madera, protegida por tejaroz, sirve de acceso a la parcela, situándose al fondo el edificio en forma de «U» invertida. La carpintería también es de madera, con rejería de forja en ventanas de pequeñas dimensiones.
El inmueble se articula siguiendo la tipología tradicional de la casa de labranza en Tierra de Campos, en dos espacios centrales: la zona de vivienda y la de los animales. A la izquierda del patio que precede a la casa se localiza la cuadra donde se guardaban las caballerías y los aperos de labranza. El resto de las dependencias se ubican en planta baja: la cocina de horno, donde –entre otros- están todos los útiles de amasar el pan y donde se cocinaba en verano, para alejar la lumbre de la cocina, que al ser más fresca se usaba como comedor; los dormitorios, amueblados y dotados de trébedes (parte de la habitación que, a modo de horno, se encendía con paja) para calentarse en invierno, en donde también pueden apreciarse varios retratos del general San Martín y de su familia; y la habitación mayor, habilitada como sala de honor. En ésta última se guardan recuerdos y testimonios de la amistad con la República Argentina: libros, monedas, billetes, retratos del Libertador, banderas, réplicas de sables, copias de documentos sanmartinianos y un libro donde los visitantes pueden dejar un comentario y su firma (entre las más recientes puede apreciarse la del senador salteño y ex gobernador Juan Carlos Romero).
Otros rastros de argentinidadAdemás del museo, existen otros lugares de interés y monumentos que refieren a la Argentina: la plaza mayor, que recibe el nombre de Republica Argentina, y luce con orgullo el busto del capitán Juan de San Martín; la actual iglesia parroquial de estilo colonial, que fue construida a instancias del Gobierno argentino como lugar de culto para los fieles cervateños, después de que la iglesia de Santa Columba quedara en ruinas y la de San Miguel fuera víctima de un incendio en 1934 (en ésta última contrajeron matrimonio los abuelos de José de San Martín y fue bautizado su padre el 12 de noviembre de 1728); y el centro cultural, que también recibe el nombre “San Martín”, donde tanto jóvenes como mayores pueden disfrutar de un espacio de ocio y recreación, destacándose la biblioteca y un ciber centro donde se dictan cursos de informática.Casamiento entre paisanosMuy cerca de allí se encuentra la localidad de Paredes de Nava, lugar de nacimiento de doña Gregoria Matorras, la madre del general San Martín. Si bien eran de pueblos vecinos, ambos progenitores se conocieron en Buenos Aires. Don Juan finalmente terminó administrando en nombre del Rey de España antiguas propiedades de los jesuitas, que habían sido recientemente expulsados de las colonias americanas.La carrera militar del padre de Libertador de la Argentina, Chile y Perú continuó como teniente gobernador de Yapeyú, en la actual provincia de Corrientes; hasta que pidió el traslado a España con el objetivo de brindar una mejor educación a sus cinco hijos. Falleció en Málaga en 1796, sus restos fueron trasladados en 1947 a Buenos Aires y –junto con los de su esposa- descansan en el templete que honra la memoria de su hijo en Yapeyú.Resistir, una consigna sanmartiniana“En el invierno la mayor parte de la gente se va a Madrid, Bilbao u otras ciudades, apenas quedamos unos cien”, explica Delfín, el alguacil de Cervatos de la Cueza, al tiempo que generosamente abre las puertas del museo y nos introduce en un paseo imaginario por las costumbres, tradiciones y modo de vida de los habitantes de la tierra de campos. “Antes había varios bares, panaderías, carnicerías, pescaderías…”, continúa nuestro guía rememorando épocas en las que el pueblo tenía otro esplendor.No obstante, allí continúa resistiéndose al paso del tiempo, estoicamente, como la bellísima torre mudéjar de San Miguel que se distingue por sobre el caserío. O como aquél general argentino, con raíces cervateñas, que arengaba a sus compatriotas independentistas con aquello de: “Ánimo, que para los hombres de coraje se han hecho las empresas…”.
Por Fabricio O’DwyerPeriodista - Desde Palencia, España.

EL TROPERO SOSA

Dicen que tenía la tez trigueña, pero no de nacimiento sino que el sol se la tiñó en sus infinitos viajes entre Mendoza y Buenos Aires. En ese camino, en el que casi hizo surcos de tanto andarlo, sólo era acompañado por los yuyos que bailaban en los remolinos. Era uno de los comerciantes más populares de su época y a pesar de ser analfabeto, se las ingeniaba para hacer buenos negocios. Pero se hizo leyenda cuando decidió ponerle el hombro a la campaña libertadora del General San Martín. Pedro Sosa es de esas personas que perdieron identidad detrás del nombre de una calle o de un barrio. A tal punto que, como dice Carlos Raffo, del centro tradicionalista Tropero Sosa, “hay gente que cree que se llama tropero”. El “tropero” Sosa fue uno de los mendocinos que más hizo, en materia logística, para gestar la campaña de San Martín hacia Chile. Pero es de los que quedaron detrás de la enorme estampa del general.El hombre se dedicaba a llevar y traer mercaderías del puerto de Buenos Aires. Una especie de transportista de entonces, sólo que en vez de camiones usaba carretas de cuero y paja y bueyes para tirarlas. En la época, comienzos del siglo XIX, los troperos y arrieros eran quienes también traían las novedades de las grandes ciudades. Entre las mercaderías comunes estaban los granos, la ropa de moda y alguna botella de alcohol de contrabando. Dicen que Sosa era corajudo como pocos y que varias veces debió enfrentar, mientras el sol jugaba en el brillo de los pedregales, a malones de indígenas que pretendía asaltarlo en los desérticos caminos hacia la capital. Y ese coraje es el que lo hizo pasar a la historia. San Martín necesitaba de las provisiones que Pueyrredón le había prometido para la campaña libertadora que debía iniciarse en enero de 1817. Y los tiempos se acortaban. Entonces mandó a llamar a todos los troperos y les pidió que alguno hiciera el viaje a Buenos Aires para traer cañones, pólvoras y herraduras, en la mitad del tiempo normal (que era de 70 días) a cambio de doble paga. Y sólo uno aceptó el desafío: Pedro Sosa. El hombre partió tomando Las Cañuelas (actual calle Ituzaingó), se encomendó a la Virgen del Buen Viaje y salió a remontar el desierto. Y en sólo 41 días estuvo de vuelta en Mendoza, cerca de la Navidad de 1816, con la mercadería y con sus bueyes agonizando por el esfuerzo. “Aazotes y reventando bueyes”, dijo entonces Sosa que logró la hazaña. Otra participación fundamental de Sosa en la campaña fue la preparación de las 1.500 mulas que usarían los soldados para cruzar la cordillera.En esos contactos entabló una amistad particular con San Martín que duró por siempre. Incluso, desde el exilio, el general le escribió varias cartas que, por no saber leer, Sosa guardaba con pudor hasta que sus hijos pudieran leérselas.

TOMAS GUIDO EL GENERAL SANMARTINIANO

Tomás Guido, el noble y fiel amigo de nuestro querido General San Martín, fue el general que llevo los ideales sanmartinianos al máximo de su expresión, como no podía ser menos sus restos descansan en paz y eterna gloria junto al padre de nuestra patria en la catedral de Buenos Aires.
Desde muy joven participo en los sucesos de Mayo, y casi adolescente le tocó actuar en las heroicas jornadas del 3 de julio de 1807, en la defensa de Buenos Aires. Guido fue el cronista militar más importante de las campañas del ejército libertador. Colorido, profundo en sus juicios, era infatigable en la realización de sus trabajos y de su numerosa correspondencia, pero el enunciaba que "mucho más importante que escribir sobre la revolución, es contribuir personalmente a realizarla".
En materia historiográfica, los trabajos póstumos que publicó en la "Revista de Buenos Aires" tienen un significado muy importante como documento y testimonio de la época.
Fue un hombre de la unidad nacional, en el más amplio concepto. En su momento le dijo a Rosas "ayude a constituir la provincia a apaciguar los odios, a buscar en la ley y en el respeto del derecho la única base de la felicidad de la patria".
En el Senado de Paraná -en tiempos de la Confederación-, hablaba con independencia y libertad. Se lo veía levantar su cabeza encanecida para recomendar la templanza y la conciliación, y no por ello abandonaba la firmeza en sus creencias o concepciones políticas.
Como diplomático su habilidad fue proverbial, pudiendo asegurarse que dejó siempre amigos donde el gobierno argentino lo enviara. Su talento como negociador lo brindó en los terribles días de la guerra de la Independencia, cuando participó personalmente en las negociaciones con el enemigo, en Miraflores, y las conferencias de Torre Blanca y Punchauca.
El cronista de la Revolución
Tomás Guido había nacido en Buenos Aires, el 1º de setiembre de 1788, hijo de Pedro Guido y Sanz, comerciante español, y de doña Juana de Aoiz y Martínez. Realizó estudios en el Colegio de San Carlos, que debió abandonar por falta de recursos económicos.
Muy joven, asistió a las primeras reuniones de los revolucionarios que participarían en el movimiento de Mayo de 1810. Producida la revolución fue nombrado oficial de la secretaría de Gobierno. Al año siguiente acompañó a Mariano Moreno como su secretario. En los brazos de Tomás Guido fallecería el líder de la revolución, y fue Guido quien tuvo la triste misión de arrojar desde la fragata "Fama" al mar, los restos de Moreno.
Comenzaba así para el joven revolucionario una larga vida dedicada a la causa de la liberación americana, cuyo bautismo de fuego lo tuvo, casi adolescente, durante la defensa de Buenos Aires en 1806, rechazando la invasión inglesa.
En 1812, Guido regresó a Buenos Aires, y tras algunas misiones administrativas marchó a Charcas, y luego a Tucumán, donde se vinculó con San Martín y Belgrano.
No fue el mero cronista de la campaña militar libertadora. En más de una oportunidad, su intervención tuvo decisiva importancia para convencer a los hombres de Buenos Aires sobre los proyectos de San Martín. El 20 de mayo de 1816 presentó Guido al Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, su célebre "Memoria", surgida a raíz de conversaciones sostenidas con San Martín en la hacienda de Saldán, en Córdoba. Allí el Libertador le había impuesto la necesidad de transportar las armas argentinas a Chile en contra de las ideas de seguir la Campaña por el Alto Perú.
Guido, en su "Memoria", luego de hacer un examen prolijo de la situación imperante, estudió los medios más eficaces para combatir los peligros que amenazaban a la causa americana. Así llegó a la conclusión de que la ocupación de Chile era el objetivo principal que a su juicio debía proponerse al gobierno. En ese informe habla de las medidas defensivas que era necesario adoptar para emprender la ofensiva sobre Chile, señalando la necesidad de apoderarse del mar para obrar en combinación con las fuerzas de tierra, recomendando que se enviasen emisarios secretos al país trasandino para levantar a las poblaciones, medidas que permitirían formar un ejército que atravesaría la Cordillera con 6.000 hombres en dos meses.
Expresaba en la "Memoria" que la sola noticia de una victoria de Chile bastaría para inflamar al espíritu de los pueblos. También desorientaría y desalentaría al ejército de Pezuela. Analizaba después las ventajas financieras que produciría el plan, y la influencia que tendría su realización en las relaciones con el Brasil, para diagnosticar que la independencia de Chile -país aliado a las Provincias- aseguraría la independencia de América.
El general Balcarce, interinamente a cargo del gobierno, le contestó afirmativamente, y Pueyrredón también fue de idéntica opinión.
Las campañas de Chile y de Perú
Después de la batalla de Chacabuco, pasó Guido al país trasandino reclamado por San Martín. El 1º de abril de 1817 fue incorporado al ejército con el grado de teniente coronel, con el que asumió las funciones de secretario de guerra y marina, y de representante ante el gobierno de Chile. Durante tres años desempeñó esas delicadas tareas, y su pensamiento y acción lo testimonia la copiosa correspondencia que existe sobre su actividad. Aparte de su labor administrativa y diplomática, acompañó a San Martín en toda la Campaña de Chile, y colaboró en la proyección de la empresa del Perú.
El gobierno lo promovió a coronel del ejército, el 14 de mayo de 1818. En la misma época, San Martín le otorgó la medalla de Chacabuco, que devolvió por no haber participado en dicha acción, y el gobierno de Chile le concedió la condecoración de la "Legión del Mérito", consejero de la Orden, y el grado de coronel de su ejército por despachos del 20 de junio de 1820. Acompañó Guido a San Martín en la campaña del Perú, en clase de primer edecán y además de su contribución como militar, atendió los negocios que el Gran Capitán no pudo atender, resolviendo la parte económica de la empresa con sus contactos con distintos sectores del país.
Negoció exitosamente con el enemigo realista en Miraflores ; participó de las negociaciones en Guayaquil, Torre Blanca y Punchauca. Asistió a la entrada solemne del Libertador en Lima, a los dos sitios del Callao, estipulando en setiembre de 1821 la rendición de la fortaleza, de la que fue nombrado después gobernador.
Perteneció a los fundadores de la Orden del Sol, siendo ascendido a coronel mayor de los ejércitos del Perú, el 12 de julio de 1821. Posteriormente fue consejero de Estado y ministro de guerra. Luego de la histórica entrevista de Guayaquil entre San Martín y Bolívar, del 26 de julio de 1822, en la que el Gran Capitán se retiró de la escena política y militar, Guido dejó personal testimonio de la salida de aquel del Perú. Continuó colaborando con Bolívar y Sucre, en la terminación de la guerra de la Independencia.
En el Perú, fue designado conjuez del Supremo Consejo Militar, el 4 de octubre de 1823. Posteriormente fue jefe del Estado Mayor del Ejército del Centro y ministro general de Gobierno del General Mariano Necochea, desde el 20 de febrero de 1824. Alcanzó, el grado de general de brigada en los ejércitos del Perú con el que regresó al país en 1826.
Rivadavia le reconoció jerarquía de Coronel mayor, el 7 de julio de 1827, el presidente provisorio, don Vicente López y Planes lo designó ministro de Guerra y fue electo diputado a la Sala de Representantes de Buenos Aires.
El 29 de agosto de 1829, Rosas lo ratificó en su cargo de ministro de Guerra y Relaciones Exteriores, en el cual lo habían designado anteriormente Lavalle y Viamonte. Siguió en el cargo hasta 1830. Tres años más tarde, Guido volvió a ocupar el cargo y desde 1840 a 1851 fue el representante argentino ante el gobierno del Brasil. Al triunfar Urquiza lo llamó a colaborar con su gobierno y en 1855 resultó electo senador por San Juan. En 1857 fue electo vicepresidente del Senado de la Confederación y fue ascendido a brigadier general de los ejércitos de la República.
Acompañó a Urquiza en 1859 al Paraguay e intervino en las gestiones pacíficas entre ese país hermano con los Estados Unidos, enfrentados circunstancialmente. Los Estados Unidos habían enviado una escuadra hasta el Río de la Plata con la intención de desembarcar en Asunción.
Se había casado en Chile con María del Pilar Spano, que le dio cuatro hijos : José Tomás, Daniel, María del Pilar y el poeta Carlos Guido Spano.
Guido falleció en su quinta de Alsina y Cevallos, el 14 de setiembre de 1866. Fue un militar de estirpe sanmartiniana, abnegado, arquetipo de un país libre y pujante. Como San Martín, nunca desenvainó la espada para derramar sangre de sus hermanos.

SAN MARTIN Y SU FE RELIGIOSA

En San Martín, como en los demás héroes de nuestra emancipación -Manuel Belgrano, José María Paz, Gregorio Aráoz de La Madrid, Juan Gregorio de Las Heras, José Matías Zapiola, para citar a algunos de ellos- el fragor de las armas no fue óbice de su fe religiosa, que mantuvieron incontaminada en la guerra y en la paz. El 9 de marzo de 1812 llegaban al puerto de Buenos Aires José de San Martín, Carlos de Alvear, José Matías Zapiola y otros patriotas. Venían a ofrecer sus servicios a la causa de la emancipación. Siete días después, el gobierno le encomendaba a San Martín la formación del Regimiento de Granaderos a Caballo. Llama la atención que el prócer incluyera en el quehacer cotidiano y semanal del regimiento las prácticas del buen cristiano. Lo recuerda el coronel Manuel A. Pueyrredón en sus “Memorias”:“Después de la lista de diana se rezaban las oraciones de la mañana, y el rosario todas las noches en las cuadras, por compañías, dirigido por el sargento de la semana. El domingo o día festivo el regimiento, formado con sus oficiales, asistía al santo oficio de la misa que decía en el Socorro el capellán del regimiento.” Agrega Pueyrredón: “Todas estas prácticas religiosas se han observado siempre en el regimiento, aún mismo en campaña. Cuando no había una iglesia o casa adecuada, se improvisaba un altar en el campo, colocándolo en alto para que todos pudiesen ver al oficiante.”El 12 de setiembre de 1812, San Martín contrajo enlace con María de los Remedios de Escalada. El día 19 del mismo mes, los cónyuges recibieron las bendiciones solemnes en la misa de velaciones, en que comulgaron, según consta en la partida matrimonial conservada en el archivo de La Merced. Tras una fugaz actuación en el norte, con el Ejército Auxiliar del Alto Perú, San Martín recibió el nombramiento de Gobernador- Intendente de Cuyo el 10 de agosto de 1814. Meses después comenzaba la preparación del ejército que había de luchar en Chile y Perú. En él también introdujo el Libertador las prácticas religiosas. Es testigo de excepción el general Gerónimo Espejo, quien así lo expresó: “Los domingos y días de fiesta se decía misa en el campamento y se guardaba como de descanso... Los cuerpos formaban al frente del altar en columna cerrada, estrechando las distancias, presidiendo el acto el general acompañado del Estado Mayor. Concluida la misa, el capellán - José Lorenzo Güiraldes- dirigía a la tropa una plática de treinta minutos, poco más o menos.Pocos días antes de iniciar el cruce de los Andes, San Martín quiso proclamar a la Virgen del Carmen patrona del ejército y proceder, en ese acto, al juramento a la bandera. El 5 de enero de 1817 se cumplió la ceremonia, que describieron dos testigos presenciales: Gerómino Espejo y Damián Hudson. A las diez de la mañana entraban las tropas en la ciudad. Junto a la iglesia de San Francisco se formó la procesión. Marchaban en pos de la imagen de la Virgen “el general San Martín, de gran uniforme, con su brillante Estado Mayor y lo más granado de la sociedad mandolina.”Hubo misa solemne, panegírico del capellán Güiraldes y tedéum. Se organizó de nuevo la procesión encabezada por el clero. “Al asomar la bandera junto con la Virgen, consigna Espejo, los cuerpos presentaron armas y batieron a marcha. El regocijo y la conmoción rebasaron toda medida cuando, al salir la imagen para colocarla en el altar, el general San Martín le puso su bastón de mando en la mano derecha, declarándola así, en la advocación que representaba, patrona del Ejército de los Andes.” La ceremonia concluyó con la ovación a la bandera y un brillante desfile. El 12 de febrero de 1818, se cumple en Santiago el acto formal de la proclamación de la independencia de Chile, con tedéum y misa. Un mes después, el 14 de marzo, se realiza en la catedral capitalina una ceremonia religiosa de consagración a la Virgen, bajo los términos de este bando:“El excelentísimo señor Director Supremo resuelve, con acuerdo y solicitud de todos los cuerpos representantes del Estado, declarar y jurar solemnemente por patrona y generala de las armas de Chile, a la sacratísima reina de los cielos María Santísima del Carmen, esperando con la más alta confianza que bajo su augusta protección triunfarán nuestras armas de los enemigos de Chile. Que para monumento de la determinación pública y obligatoria, y con la segura esperanza de la victoria, hace voto solemne el pueblo de erigir una capilla dedicada a la Virgen del Carmen, que sirva de distinguido trofeo a la posteridad y de estímulo a la devoción y religiosa gratitud, en el mismo lugar que se verifique el triunfo de las armas de la patria.” La batalla de Maipú, ganada el 5 de abril de 1818, decidió el sitio exacto para construir la capilla prometida.Mencionaremos dos documentos de la devoción de San Martín a la Virgen. El primero, es la carta que el prócer escribió en Mendoza el 12 de agosto de 1818, destinada al guardián del convento de San Francisco: “La decidida protección que ha presentado al ejército su patrona y generala, nuestra Madre y Señora del Carmen, son demasiado visibles. Un cristiano reconocimiento me estimula a presentar a dicha Señora (que se venera en el convento que rige vuestra paternidad) el adjunto bastón como propiedad suya, y como distintivo del mando supremo que tiene sobre dicho ejército.” El otro, es una nota del general Manuel de Olazábal, conocida hace pocos años y adjunta a un viejo rosario que fue donado al Regimiento de Granaderos a Caballo, de Buenos Aires. Su publicación habrá sorprendido a quienes se figuraban un San Martín no religioso. El objeto está identificado como rosario de madera del monte de los Olivos, perteneciente al general San Martín, a quien se lo regalara la hermana de caridad que cuidó de él después de la batalla de Bailén contra los franceses, en 1808, en la que fue herido ligeramente. La expedición al Perú fue la última gran campaña de San Martín. El 9 y 10 de julio de 1821, entraba el ejército en Lima y el 28 se juraba la independencia del Perú. Al día siguiente hubo tedéum en la catedral y pontificó el arzobispo. San Martín promulgó el Estatuto Provisional del 8 de octubre de ese año, para regular los actos de su gobierno, con este primer artículo:“La religión católica, apostólica, romana es la religión del Estado. El gobierno reconoce como uno de sus primeros deberes el mantenerla y conservarla por todos los medios que estén al alcance de la prudencia humana. Cualquiera que ataque en público o en privado sus dogmas y principios, será castigado con severidad a proporción del escándalo que hubiere dado.”El Protector jura y suscribe este Estatuto, como norma de su gobierno. La oración patriótica del presbítero Mariano José de Arce, pronunciada en esa oportunidad, deja una impresión serena de la situación creada en el Perú con el advenimiento de San Martín: “Las desgracias iban preparando el camino de nuestra felicidad en las manos paternales de la providencia... Su sabiduría eterna suscita un genio benéfico a las orillas del río de la Plata: lo adorna con la prudencia, con la justicia y la fortaleza, para que fuese ornamento y consuelo de la humanidad; le da la victoria de Chacabuco y Maipú, para hacer libre a una nación tan digna de serlo, como escarmentando a los opresores y, últimamente, lo hace arribar a nuestras playas arenosas el día de la natividad de María Nuestra Señora en el año que acaba de correr. Aquí empieza la época de la felicidad del Perú.”Después de la famosa entrevista de Guayaquil con el Libertador Bolívar, San Martín decidió retirarse a la vida privada. Se despidió con actos que llevan el sello de sentida religiosidad. El 22 de agosto de 1822, ordenaba que hubiese en la catedral unas grandes vísperas en honor de nuestra patrona Santa Rosa, y el día 30, una solemne misa y procesión. El 20 de setiembre debía reunirse el Congreso para recibir las insignias del mando supremo. San Martín publicó un decreto en orden a su instalación y las funciones religiosas que debían anteponérsele en la catedral:“Ocupados los asientos respectivos, empezará la misa votiva del Espíritu Santo, que cantará el deán eclesiástico. Concluida, se entonará el himno Veni sancte spiritus y enseguida el deán hará una ligera exhortación a los diputados, sobre la protestación de la fe y juramento que deben prestar. La fórmula de éste será leída en alta voz por el ministro de Estado en el Departamento de Gobierno, concebido en los términos siguientes:¿Juráis conservar la santa religión católica, apostólica, romana como propia del Estado y conservar en su integridad el Perú? San Martín partió ese mismo día con destino a Chile.
(Transcripto de la página web del Instituto Nacional Sanmartiniano)

COMPARACION DE LAS HAZAÑAS DE SAN MARTIN Y NAPOLEON

En un trabajo publicado en la revista “Todo es Historia”, Nº 16 del mes de agosto de 1968, titulado “El paso de los Andes”, el historiador Guillermo Furlong S.J. detalló la epopeya andina que realizó el Padre de la Patria.Dice Furlong: “El general Leopoldo R. Ornstein que con tanto saber histórico y militar se ha ocupado del paso de los Andes, ha escrito que algunos tratadistas han establecido un parangón entre el paso de los Andes, con el de los Alpes por Aníbal, primeramente, y por Napoleón después. La similitud es muy relativa, por cuanto difieren en forma muy pronunciada las dimensiones y características geográficas del teatro de operaciones, como también los medios y recursos, con que fueron superadas en cada caso ambas cadenas orográficas. Esas diferencias son, precisamente, las que presentan la hazaña de San Martín como algo único en su género”. En efecto: Aníbal cruzó los Alpes por caminos que, ya en esa época, eran muy transitados, por ser vías obligadas de intercambio comercial y aunque no pueda afirmarse que su transitabilidad fuese fácil, tampoco debe considerarse que pudiera representar grandes dificultades, puesto que el general cartaginés pudo llevar consigo elefantes, carros de combate y largas columnas de abastecimiento. San Martín atravesó los Andes por empinadas y tortuosas huellas, por senderos de cornisa, que sólo permitían la marcha en fila india, imposibilitado materialmente de llevar vehículos y debiendo conducir a lomo de mula su artillería, municiones y víveres, aparte de haber tenido que recurrir a rústicos cabrestantes e improvisados trineos para salvar las más abruptas pendientes con sus cañones. ¿Habría podido Aníbal fraquear las cinco cordilleras de la ruta de los Patos, escalando con elefantes y vehículos los 5.000 metros del paso Espinacito? Terminemos estas líneas -sigue diciendo Furlong- recordando cómo Vicente Fidel López nos dice que “los escritores alemanes de la escuela de Federico, en una época (1852) en que buscaban ejemplos y lecciones para su ejército, consideraron digno de ser estudiado el paso de los Andes, como un modelo, deduciendo de él enseñanzas nuevas para la guerra”.
En su artículo, Furlong realizó un gráfico comparando dos hazañas: El cruce de los Alpes por Napoleón y el cruce de los Andes por San Martín:
NAPOLEÓN, conduce el grueso de su ejército por el Gran San Bernardo, salvándolo a 2.500 metros de altura, con todos sus vehículos y artillería, incluso la pesada.
SAN MARTÍN, conduce el grueso de su ejército por la ruta de los Patos y traspone 5 cordilleras, de las cuales la más elevada es franqueada por el Espinacito, a 5.000 metros de altura, sin poder llevar ningún rodado.
NAPOLEÓN, acompaña el avance principal con cuatro destacamentos secundarios: Destacamento Thurreau, por el Monte Cenis (3.600 metros). Destacamento Chabrán, por el Pequeño San Bernardo (2.200 metros). Destacamento Moncey, por el San Gotardo (2.100 metros).
SAN MARTÍN, acompaña el avance principal con una división menor y cuatro destacamentos secundarios:División Las Heras, por los pasos Iglesia (3.400 mts.) y Bermejo (3.300 mts.). Destacamento Zelada, por el paso Come-Caballos (4.100 mts.). Destacamento Cabot, por el paso de Guana (4.200 mts.). Destacamento Lemos, por el paso Portillo y paso Pluquenes (4.500 mts.)Destacamento Freire, por el paso Planchón (3.800 mts.).
Amplitud del frente de operaciones:

NAPOLEÓN: 160 kms.; SAN MARTÍN: 800 kms.

El ancho de la zona montañosa cruzada por:

NAPOLEÓN fue de 100 kms., mientras que la cruzada por SAN MARTÍN, fue de 350 kms.
Alturas máximas franqueadas:

NAPOLÉON: con el grueso, 2,500 mts., con destacamentos, 3.600 mts. SAN MARTÍN: con el grueso, 5.000 mts., con destacamentos, 4.500 mts. Recorridos máximos y mínimos NAPOLEÓN: 280 y 135 kms., respectivamente.

SAN MARTÍN: 750 y 380 kms. respectivamente.

NAPOLEÓN pudo contar con recursos: en la zona alpina existían varios centros poblados y valles con producciones diversas.

SAN MARTÍN no pudo contar con recursos: en la zona andina era total la ausencia de poblaciones. Los valles eran áridos sin productos de ninguna clase.
Tomado de: El Restaurador, nº 4, septiembre 2007, pág. 16